De qué depende el precio de una página web para tu empresa
Transformación Digital
Pide tres presupuestos para una página web y te llegarán tres cifras que no se parecen en nada. No es que alguien te esté engañando: casi siempre están cotizando cosas distintas. Uno incluye el diseño y el servidor; otro, solo el diseño; el tercero, una plantilla que vas a tener que mantener tú.
Para comparar bien hay que entender de qué depende el precio y qué pasa después de la entrega, que es donde más se equivocan las cuentas.
Lo que mueve el precio
Cuántas páginas y qué hacen. Una web informativa de cinco secciones no se parece a una con reservas, área de clientes o integración con tu sistema de facturación.
Si vende o no. Una tienda online necesita catálogo, pasarela de pago, gestión de pedidos y más seguridad. Es otro proyecto.
Diseño a medida o plantilla. Una plantilla es más rápida; un diseño propio se nota en la marca, pero lleva más horas.
Quién pone el contenido. Textos, fotos y fichas de producto son trabajo. Si lo hace el proveedor, entra en el precio.
Qué pasa después. El servidor, el certificado de seguridad, las actualizaciones y las copias de seguridad tienen un coste mensual, lo diga el presupuesto o no.
Pago único o cuota mensual
Hay dos formas de pagar una web, y conviene decidir cuál encaja antes de comparar cifras.
Pago único. Pagas el desarrollo al principio y la web es tuya. Es lo habitual en proyectos a medida. Después, el servidor y el mantenimiento se pagan aparte, y conviene que el presupuesto lo diga.
Cuota mensual. No pagas el desarrollo de golpe: queda incluido en una cuota fija junto con el servidor y el mantenimiento, con un compromiso mínimo de permanencia. Es la opción para quien prefiere no hacer un desembolso grande y quiere que alguien se ocupe de todo. En Enigma trabajamos con los dos modelos. Por ejemplo:
Una web administrada: web informativa de cinco secciones, servidor, cinco buzones de correo del hosting con tu dominio, certificado SSL y mantenimiento, todo en la misma cuota.
Una tienda online: tienda con pasarela de pago y panel para gestionar hasta 250 productos, sin cobro de desarrollo aparte. El catálogo lo sube tu equipo con los manuales que entregamos.
Los gastos que vienen después
El error más caro es comparar solo el precio de entrega. Una web sigue costando dinero cuando ya está publicada:
El dominio, que se renueva cada año.
El servidor donde vive la web.
El certificado SSL, el candado del navegador. Sin él, los navegadores avisan de que el sitio no es seguro.
Las actualizaciones y las copias de seguridad. Una web que nadie actualiza es una web que algún día se rompe o se infecta.
Si el presupuesto no dice quién paga y quién hace cada una de estas cosas, la respuesta suele ser: tú, más adelante.
Cómo comparar presupuestos
Pide que cada presupuesto diga qué incluye y qué no: diseño, contenido, servidor, dominio, correo, mantenimiento.
Pregunta de quién es la web al terminar y qué pasa si un día quieres llevártela a otro proveedor.
Calcula el coste a uno o dos años, no solo el de entrega.
Pregunta quién responde si la web se cae un sábado.
Con esas cuatro respuestas, los presupuestos que no se parecían empiezan a ser comparables, y lo más barato el primer mes deja de ser automáticamente lo más barato.